viernes, 5 de noviembre de 2010

Jardinería TRADICIONAL de INVIERNO


“Estoy soñando con una Navidad blanca…donde las copas de los árboles brillan y los niños…escuchan campanas de trineo en la nieve”. Cuando en 1945 Frank Sinatra y Bing Crosby interpretaron su White Christmas poco podían imaginar cuántas veces esa misma melodía acompañaría las noches de todos los finales de diciembre.
La Navidad es para muchos una entrañable época de reencuentros y promesas ante el evocador crepitar de unos troncos en la chimenea. Las calles se adornan de traviesas luciérnagas de vivos colores que revolotean parpadeando sobre los ilusionados rostros de niños y mayores. Millones de personas de todo el mundo efectúan sus compras e inician los preparativos para la celebración de la Natividad. Posiblemente uno de los elementos más emblemáticos que adornan la mayoría de los hogares es el tradicional árbol de Navidad.

El Abeto
Al principio se utilizaba un Roble como una expresión de las fuerzas fecundantes de la madre naturaleza. Cuando las hojas llegaban a su caducidad, se contrarrestaba su aspecto desolado con diferentes adornos tratando de atraer de nuevo el espíritu de la naturaleza que había huido. En España no se empleó el Abeto hasta la primera cuarta parte del siglo pasado; si deseas conocer más detalles sobre sus orígenes puedes visitar la página de los bosques de Asturias:


Comprar un buen Abeto que sobreviva a la Navidad para que después luzca en nuestro jardín no es tarea fácil, puesto que en la mayoría de los casos se trata de un tronco cortado con una base de escayola que a medida que avanzan los días pierde todo su follaje. El precio –en función del tamaño- no es barato, entre otras cosas porque cada vez hay más personas sensibles a la conservación de la naturaleza en su hábitat original, sin embargo, durante muchas generaciones miles de familias han adquirido su Abeto en La Fira de Santa Llúcia en los alrededores de La Catedral de Barcelona en Ciutat Vella. Este año ofrecerá hasta 265 tenderetes que harán las delicias de los incondicionales, desde el 29 de noviembre al 23 de diciembre.

Poinsettia y Cyclamen
Si además del árbol queremos añadir una nota de color como adorno adicional, La Poinsettia y el Cyclamen resultan los elementos más emblemáticos, y ha sido así durante tanto tiempo que a la Euphorbia Pulcherrima, o Poinsettia se le conoce comúnmente como “La planta de Navidad”. Se trata de una vistosa formación de hojas rojas y rosáceas que necesitan luz y odia las calefacciones. Cuando el ambiente es seco, sus hojas se caen. Al igual que el Cyclamen, para prolongar su permanencia es conveniente mantener la humedad de la planta sumergiéndola quince minutos en un recipiente con agua. Para evitar el pudrimiento de la planta, en ambas especies es recomendable retirar enseguida las flores y hojas secas. El Cyclamen es un tubérculo que cuando finaliza su temporada de floración lo podemos recuperar guardándolo en un sitio seco, para volver a replantarlo en primavera. Sus precios oscilan entre 8 y 12 €.


Acebo y Muérdago
Otros elementos ornamentales con un profundo significado son el Acebo y el Muérdago. Los atractivos frutos rojos del Acebo ofrecen un adorno ideal como detalle navideño. Originalmente a ambas especies se le atribuyen propiedades mágicas. De hecho, para los celtas, el Acebo era un arbusto sagrado que utilizaban en el solsticio de invierno para atraer la buena suerte y la prosperidad.
En los países anglosajones se implantó desde el siglo XIX el uso del Muérdago considerado ancestralmente como una planta sagrada y un signo protector que aporta suerte y fertilidad. La tradición dice que aquella mujer que recibe un beso bajo el Muérdago en nochebuena encontrará el amor que busca o conservará el que ya tiene.
En cualquier caso, no deja de ofrecer cierta mística fascinación por lo ancestral o desconocido.
Ambas especies se pueden adquirir ya cortadas en mercadillos navideños y a menudo forman parte de pequeños ramos con otras plantas verdes, casi siempre con bayas que algunos supersticiosos colocan en la puerta de sus casas “por si acaso”.

Si eres alguno de los que sueñas con la Navidad blanca de Sinatra y Crosby, déjate llevar por el sonido que mece los cascabeles del trineo de la nostálgica postal de invierno, y disfruta del añorado momento del beso bajo la flor de Muérdago, para que el amor de diciembre dure todo el año.

Aunque si eres una persona inquieta y de verdad te interesa conocer el origen de las cosas, los motivos por los que se celebran ciertas fiestas te gustará saber que para la mayoría de la gente la navidad es sinónimo de gastos, consumismo, tristeza por los que no están y fiestas donde el alcohol fluye como el agua.

Tendríamos que remontarnos al principio, donde la irrefutable historicidad bíblica nos explica que cuando los astrólogos visitan a Jesús, este ya no era un niño en un pesebre, que el motivo de la visita era delatar su presencia porque Herodes había puesto precio a su cabeza y que nada de esto sucedía en diciembre. A propósito, el Santa Claus tal y como lo conocemos hoy repantigado, jocoso y vestido de rojo se lo debemos al merchandising de la popular CocaCola. Nuestra sociedad actual tan aburrida y cansada de rutinas, en la que tantísimo énfasis se ha dado al egocentrismo y al ocio lo celebra todo, no importa de dónde o cuándo proceda. Una fiesta es una fiesta.

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